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Thursday, August 19, 2010

Hank Moody

Creo que fue hace 7 u ocho años cuando mi hermano se enganchó en plan fatal a la serie "A dos metros bajos tierra". Desapareció de las veladas familiares, para fundirse las diferentes temporadas poco a poco en el ordenador. Recuerdo que la mañana después de haber visto el último capítulo, en el desayuno me comentó que le había dado una pena tremenda que se acabara la serie y como acababa. Se debió llevar un soponcio de impresión, pero es que en mi familia somos muy machos y no nos gusta reconocer esas cosas.

Aquello en su momento me llamó la atención, en aquel entonces las series de ficción no eran tan habituales y me pareció raro esa empatía hacia unos personajes ficticios. En la actualidad, viendo la repercusión que ha tenido el final de "Perdidos" lo de mi hermano era de principiante. Y lo curioso es que el final de la serie, no ha dejado a los fans indiferentes, en general he escuchado indignación y decepción por parte de los seguidores de la serie. Además de una especie de resquemor esperando la ultima pirueta final, de unos guionistas que han hecho de las suyas a costa de la curiosidad del público.

Yo me desenganché de las andanzas de la isla hace bastante, pero caí en las garras del señor Hank Moody y de su vida en California. Sé que no es una gran serie, sé que el reclamo de las tías enseñando cacha facilita que la serie guste al público masculino y sé que el tío representa al "fucker" icónico que siempre folla con tías buenas...Pero lo cierto es que me hace gracia ese escritor venido a menos, politicamente incorrecto, provocador y con la frase perfecta de guionista de "Showtime" para quedar de puta madre. Debe ser porque en mi familia somos muy machos y nos gustan esas cosas.

Pues después de todo esto, alguien me puede explicar como es posible que buscando en You Tube videos de la serie uno de los más vistos sea este. Que la banda sonora de la secuencia es buenísima, pero coño, que en mi familia somos muy machos...

Saturday, March 06, 2010

Confesiones

Recuerdo a la perfección la conversación con amigos en la que ella confesó que tenía "a alguien". Recuerdo el cachondeo posterior del resto del grupo. Como los demás, yo la tomé el pelo, mientras notaba como mi orgullo se escurría poco a poco por mi garganta. No voy a decir que me rompió el corazón porque a estas alturas del partido, todos estamos "resabiaos". Me jodió un poco para que negarlo, pero al fin y al cabo no tenía nada con ella, no la conocía, ¿qué le puedes exigir a alguien al que apenas conoces? Nada

Lo curioso es que su confesión hizo que me relajara. Al fin y al cabo cuando sabes que puedes esperar de una persona, todo se hace mucho más fácil ¿No?. Son las cuestiones que no se controlan las que nos generan inquietud y nos hacen más vulnerables. No había rencor, ni dolor, no había desamor, ni odio, simplemente constaté lo que ya me imaginaba, que aquella chica no era para mi.

Y al relajarme fui yo...No es que antes no fuera yo, no me malinterpreteis, el tema es que caminaba con pies de plomo porque el terreno era resbaladizo. No quería meter la pata, ni hacerme ilusiones, no quería creerme especial, ni diferente...Antes de la confesión era yo "con el freno de mano puesto", a medio gas...Tras la confesión fui yo relajado, natural...

Simplemente yo

Paso el tiempo y seguimos charlando, yo le comentaba mis historias, mis conciertos, mis planes...Ella notó que estaba más relajado y también se relajó...Y de alguna manera ella cambió, no sé si no me di cuenta o no me quisé dar cuenta..

Al cabo de seis meses ella me confesó que se había enamorado de mi...

Pero ya era demasiado tarde para los dos...

Una pena...

Sunday, February 21, 2010

Noruega

Los dos estaban tumbados en la cama, ella con la cabeza sobre el pecho de él. Ella se puso a repasar mentalmente el día, porque había sido importante para ambos. Era el primer día que compartían en su casa nueva, el primer día de convivencia...Aunque lo cierto es que no había sido un día normal, las cajas con libros, cds, ropa y objetos diversos se amontonaban en el salón. A lo largo del día ella se había dedicado a vaciar cajas y destinar las cosas a los pocos muebles que tenían y él se había dedicado a poner lámparas, armar la cama, los muebles, hacer alguna chapucilla y todo eso que le encantaba hacer...

A pesar de que fue un día fatigoso no discutieron en ningún momento, los dos estaban contentos y con música las tareas coñazo se llevan mejor... A las ocho y media de la noche estaban hechos polvo, habían vaciado la mitad de las cajas y montado todos los muebles que habían comprado...Se dieron una merecida ducha y después de cenar repasaron todo lo que habían hecho y como había quedado. Cuando llegaron a su habitación él le dijo con su sonrisa picara "Bueno cariño nueva etapa, casa nueva, cama nueva...Tendremos que estrenar todo esto ¿No?" y aunque no fuera la mejor manera de proponerlo, la idea de echar un polvo le pareció la mejor manera de terminar un día en el que se lo habían pasado muy bien juntos y una buena manera de iniciar su nueva etapa juntos.

Y allí estaban los dos tumbados juntos, satisfechos, cansados, abrazados en su nueva cama... Y mientras la canción les envolvía, ella empezó a sentir esa sensación familiar en el estomago y la consecuente dificultad para respirar, habían empezado una nueva etapa que dificilmente podrían controlar, más complicada y con más exijencias. Por un momento el pánico la alcanzó y deseó estar en otro sitio, deseó que Noruega no fuera sólo una canción.

Wednesday, December 23, 2009

El estornudo del Koala

- ¡¡Mamá, mamá!!...¡¡Veeeen!!

El grito retumbó en la oscuridad y despertó a todos los que dormíamos en la casa. Mi mujer y yo nos hicimos un poco los remolones, pero sabíamos que el grito se repetiría y que uno de los dos tendría que salir de la cama a atender a nuestra hija...

- Cariño, ¿puedes ir tú? Yo estoy muerta del viaje...- Me dijo con voz de dormida
- Claro... No te preocupes....Voy yo a ver qué quiere...- Dije mientras salía de la cama y me ponía las zapatillas y la bata. Era un batalla pérdida la que tenía esos días con mi mujer, al fin y al cabo si estábamos en un pueblo perdido de la mano de Dios en Asturias era por mi culpa. Normalmente pasábamos las fiestas navideñas en Oviedo con mis hermanos y todos dormíamos en la ciudad, incluso mis padres. Pero el año pasado mi madre falleció y este año mi padre estaba muy débil para salir de casa con el frío que hacía. Junto a ciertos problemas familiares de mis hermanos, todo había derivado en que mi mujer, mi hija y yo acabáramos pasando las vacaciones en la vieja casa de la familia, acompañando a mi padre.

Mientras caminaba por el pasillo el grito de mi hija se repitió. La piel se me erizó por el frío que emanaba del suelo de piedra y mientras se me ponía la carne de gallina me arrepentí de no haberme puesto los calcetines. Por otro lado, sentía cierta inquietud ante lo que me podría encontrar, normalmente de estos miedos nocturnos se encargaba mi mujer, yo me encargaba de tareas en las que había menos componente emocional, llevaba a mi hija al colegio, la traía, la daba de comer, me encargaba de los deberes...Pero en el campo emocional madre e hija tenían más confianza.

- ¿Qué pasa cariño?- Dije mientras abría la puerta y encendía la luz
- ¿Y mamá?- Me pregunto mi hija
- Mamá, está muy cansada por el viaje y me ha pedido que venga yo...-dije procurando que la duda no se notará en mi voz- ¿por qué gritas?- Dije mientras me sentaba en la cama de mi hija
- Hay bichos en la habitación- contestó mi hija
- ¿Y eso? Yo no veo ninguno- Dije mientras miraba hacia las esquinas del techo - ¿Quieres que mire debajo de la cama? - Después de un análisis concienciudo concluí - Tampoco hay mi niña...
- No se ven, pero hacen ruidos...

No pude evitar que me saliera una sonrisa. La casa de mis padres se había construido después de la Guerra Civil, en aquel entonces los materiales que se utilizaban eran los que había disponibles, nada que ver con los materiales de nuestra casa en Madrid y los ambientes asépticos de las ciudades modernas. En la casa de mis padres las vigas de madera “chascan” por la noche, los suelos crujen, las ventanas ululan y un largo listado de ruidos puntuales invaden el silencio nocturno. Recordé que de pequeño también me daban miedo esos ruidos nocturnos y una noche parecida a esta mi padre me contó una historia.

- Eso que oyes son los koalas de Tomasón - por aquel entonces mi peluche favorito era un koala que me había tocado en la feria del pueblov- ¿No te has fijado que a Tomasón le encantan los animales? No ves que está todo el día con las vacas, las gallinas, los conejos, los perrines y los gatucos...Pues su hija Martina, esa que viaja tanto, le trajo un día unos koalas de Australia - Me acuerdo que en aquel momento miraba a mi padre alucinado, ¿koalas en Asturias? - Lo que pasa es que los koalas tienen que estar subidos en los eucaliptos y no pueden estar en jaulas, por eso no los has visto en casa de Tomasón. Y como los jodios por la noche tienen frío, les hemos hecho Tomasón y yo un hueco en el desván del techo para que duerman. Si por la noche oyes ruido son los koalas, que entran y van a dormir - Justo en ese momento una viga crujió, y mi padre dijo - Mira eso es un koala que ha estornudado.

Durante muchos años “el estornudo del koala” fue uno de los mantras que más repetí para perder el miedo a los ruidos nocturnos. Con el paso del tiempo supe que si a Tomasón le gustaban los animales era porque era granjero y vivía de ellos, que la Martina lo más lejos que había ido era a una fábrica de neumáticos en Birmingham, que un koala en Asturias hubiera durado dos días en invierno y que ciertas mentiras cuanto más imposibles son menos dudas despiertan. Me acordé de mi padre, suspiré y comencé a contarle a mi hija mientras imperceptiblemente cruzaba los dedos.

- ¿Sabes que por aquí cerca había una escuela de magia como Hogwarts...?



Otros estornudos de Koala en:
- Belen
- Simpulso
- Mariano Zurdo

Sunday, December 13, 2009

¿Cómo es posible?

María volvía a casa en uno de esos autobuses verdes que unen los centros empresariales del extrarradio con las zonas más céntricas de Madrid. El vaho empañaba los cristales y los rostros familiares, se mezclaban con las caras de cansancio habituales al final de la jornada laboral. Llevaba toda la tarde dándole vueltas a lo mismo, los sentimientos encontrados la asaltaban cuando menos lo esperaba y no paraba de repetirse “¿Cómo es posible? Y más a mi edad. ¡Qué tonta he sido!”.

María trabajaba en una de esas “grandes empresas” que tienen diferentes centros en el extrarradio de Madrid. A medida que sus hijos se iban haciendo mayores el sueldo de mecánico de su marido no daba para todos los gastos y María tuvo que empezar a trabajar. A través de una vecina consiguió un puesto de limpiadora, en una empresa de servicios de limpieza en empresas. El sueldo no era muy alto, pero al menos tributaba en la seguridad social y no tenía que aguantar las chorradas de los dueños de una casa.

Los trajes eran una de las cosas que más le llamaban la atención a María cuando empezó, que elegantes iban todos y todas con sus trajes de chaqueta y sus camisas planchadas, y ella sin embargo con el uniforme de limpiadora... Al principio su uniforme le hacía sentir de menos, pero poco a poco se fue dando cuenta, de que ni todas las camisas estaban tan bien planchadas, ni todos los trajes quedaban tan bien...El traje no es más que un uniforme más con menos suciedad que el de un mecánico o una limpiadora, pero no hace mejor ni peor a nadie. Además como decía su compañera Lourdes cuando tomaban un café “Tanto traje, tanto traje y si no fuera por nosotras, se les comía la mierda a estos por las patas. ¿Has visto cómo han dejado el baño de la quinta planta?, ¡Qué guarros por Dios!,¡Tanto les cuesta apuntar con su cosita dentro del retrete!”.

Como le dijo su jefa al principio, “María tienes que ser invisible para ellos, esta gente está trabajando y tenemos que molestar lo menos posible, pero haciendo bien nuestro trabajo”. Y así había sido su vida durante varios meses, limpiaba baños, mesas, recogía papeleras, cafés fríos, etc...Como un fantasma, prácticamente sin hablar con nadie.

Hasta que un día le sorprendió un “¡Buenas tardes!” inesperado y una sonrisa. Era un chaval nuevo, de unos treinta años, muy tiposo, con ojos enormes y una sonrisa que enseñaba unos dientes perfectos, como los de los modelo de los anuncios de pasta de dientes. Al principio María se sorprendió, no esperaba que el saludo fuera para ella, debió de quedar como una tonta. Pero al día siguiente el chaval le saludó de la misma manera, y al siguiente, y al siguiente...

María se fue fijando en el chico poco a poco, no llevaba alianza cosa que le extrañaba porque era muy guapo y muy majo, siempre tenía muchos papeles encima de la mesa y tomaba bastante café – 3 cafés los días tranquilos y 5 los días en los que tenía más trabajo. El chico solía quedarse hasta tarde a trabajar y cuando no estaba, María procuraba limpiarle lo mejor que podía la mesa y la pantalla del ordenador (por ser él). El día que María se enteró de que el chico se llamaba Alberto, le dio un vuelco al corazón, porque ese era su nombre favorito....

Y así fue pasando el tiempo y aunque a María le pesara, se fue imaginando una vida con el chico, sin su marido ni sus hijos y él profundamente enamorado de ella a pesar de que María fuera más mayor, estuviera casada, tuviera dos hijos y fuera una simple limpiadora... Hubo días en que llegó a odiar a su familia por existir. En ese punto María se decía que no podía ser, que ella tenía su vida y que el chico no se fijaba en ella, simplemente era educado y cordial con una compañera de trabajo. Pero al rato, volvía a pensar en él.

Hasta que un día cuando María se acercaba escuchó una conversación telefónica del chico con una tal Eva, a la que el chico llamaba cariño, mientras quedaban a cenar para celebrar su segundo aniversario. En ese momento María sintió que el estomago se le llenaba de repente y unas irrefrenables ganas de llorar le invadieron. La rabia y el dolor se le cruzaban en la cabeza, pero a pesar de todo pudo saludar el chico y seguir como si nada.

Que tonta había sido, ¿cómo se le había podido ocurrir que el chaval no tuviera novia? Se había enamorado como una quinceañera, ¿cómo era posible? Ella que tenía familia e hijos y así iba de vuelta a casa, dándole vueltas a lo mismo El viaje en autobús había llegado a su fin. María llegó a su casa y mientras freía unos filetes de pollo para le cena escuchó a su hija como le contaba que iban a hacer una excursión a nosedonde. A mitad de conversación sonó el movil de la niña:

- Tía, ¿sabes qué?¿Sabes qué? Miguel me ha escrito un mensaje...Tía que bien...- Oyó que su hija le decía en voz baja a una amiga mientras se iba a su habitación...

María no pudo evitar sentir envidia de su hija y siguió friendo los filetes....

Tuesday, October 27, 2009

Miopía

Hola

Curioso que te escriba una carta, cuando nos vemos todos los fines de semana para tomar un café ¿No?...No tengo valor para decirte a la cara una cosa y te la tengo que decir por carta...

Ya hace 20 años que nos conocemos, ¿te acuerdas de lo mal que nos llevábamos al principio? Estábamos sentados juntos en clase y me acuerdo que eras tan seria y yo era tan cabroncete...Todo cambio con quince años, como teníamos el mismo apellido estábamos sentado juntos (otra vez) en clase y nos tocó hacer un trabajo sobre Ramón y Cajal. Recuerdo que me pediste si no me importaba ir a tu casa a hacer el trabajo, porque tenías que cuidar esa tarde de tu hermano. Yo pensaba que tu hermano era pequeño, por eso cuando de camino a tu casa te pregunté la edad de tu hermano y me dijiste que era más mayor que nosotros, te debí poner cara rara. Me explicaste que tu hermano tenía un problema en el cerebro y no era autónomo, que no hablaba, no podía caminar y necesitaba que le cuidarais siempre. Fue en ese momento cuando te empecé a mirar de otra manera, tu hermano era tan mayor como el mío y eras tú la que cuidaba de él.

Cuando llegamos a tu casa tu hermano estaba en el salón sentado en su silla, estaba viendo la tele. Nosotros estuvimos trabajando toda la tarde también en el salón y él estuvo tan tranquilo viendo la tele y durmiendo. Llegaron tus padres justo cuando me marchaba y en el momento en el que me despedía de todos, tu hermano se empezó a inquietar mucho, se retorcía en su silla de mala manera y hacía ruidos...Yo me quedé a cuadros porque fue una situación completamente inesperada y bastante incomoda. Tu madre y tu os lo llevasteis a su habitación para tranquilizarlo. Tu padre mientras me llevaba a la puerta de vuestra casa me contó que a veces le pasaba, que no me preocupara. “Esto le pasa cuando quiere decirle algo a alguien y claro como no puede, pues se pone muy nervioso, pero no te preocupes que no es culpa tuya” me explicó tu padre...

Desde aquel día cada vez que subía a tu casa o veía a tu padre paseando a tu hermano en la silla por el barrio, esa escena se repetía...Y por mucho que me dijera tu padre que no era culpa mía, me hacía sentir fatal. De hecho dejé de subir a tu casa a buscarte, porque pensar que tu hermano se iba a poner así por mi culpa, me hacía sentir fatal.

Pasó el tiempo, terminamos la carrera y yo me marché a otros países a la aventura pero nuestra amistad se ha mantenido todo este tiempo. Por eso cuando vine con las orejas gachas de París, supe desde el principio que podría contar contigo, para tomar esos cafés y fumar esos cigarrillos clandestinos (con más de treinta años y todavía nos escondemos para fumar tabaco, que vergüenza)...Y debe ser que cuando uno está derrumbado, tiene cierta tendencia a volver a los lugares en los que fue construido y fue feliz. Por eso cuando me dijiste que tenías un álbum de fotos cojonudo del viaje de fin de curso que hicimos a Italia, no me lo pensé dos veces y fui contigo a tu casa para verlo.

Volví a entrar a tu casa y volví a ver a tu hermano sentado en su silla. Hacía ocho años que no me veía y me reconoció nada más verme. Y de nuevo se repitió la escena, tu hermano se alteró, gritó un poco, de inmediato tu padre tuvo que calmarle y llevárselo a otra habitación. Tu padre volvió con nosotros y se disculpó como siempre, pero dejo caer una duda “¿Qué te querrá decir? Todo este tiempo sin verte y ¿qué coño te querrá decir?”.

Y por primera vez me sentí idiota, porque durante todo este tiempo había pensado en la situación desde mi punto de vista, yo era el protagonista y la victima de las escenas que tu hermano montaba cuando me veía...Pero nunca me paré a pensar en tu padre que no podía entender que quería decir tu hermano por mucho que él se alterase. Tampoco pensé en tu hermano que por mucho que gritará o se agitara, difícilmente se hacía entender...Sólo pensaba en mí y yo era lo de menos en todo aquello.

Me sentí tan egoísta y tan mal en ese momento, que lo único que se me ocurrió fue esta carta...No sé si te la enviaré o no y ni siquiera sé si servirá de algo...Es una manera como otra cualquiera de echarle un vistazo a lo que menos me gusta de mi....